Si el gran ídolo del rock chileno en los 80 fue Jorge González junto a Los Prisioneros, sin duda que tras la disolución del grupo después de Corazones, la admiración se trasladó hacia otra banda y otro rockstar naciente: Alvaro Henríquez, quien será premiado en la próxima Cumbre del Rock Chileno con un reconocimiento a la trayectoria. El mismo galardón que se le fue entregado a Jorge González en la versión del 2012.

Es un tanto cíclico este comportamiento social y colectivo de volverse fanático de un artista en particular y/o su banda. Y así como el país entró en democracia, Jorge González iniciaba una carrera solista, en la que se volvió más poético y sentimental en sus letras, mientras los chilenos re-direccionamos el interés en algo nuevo.

Y ahí estaban Los Tres, con un disco debut que rescataba el jazz guachaca y el folclore, la nueva canción chilena, el rockabilly y el swing. Pero al mismo tiempo, ofrecían letras inteligentes, divertidas e irónicas, que se convirtieron en la fórmula perfecta para el público huérfano de Los Prisioneros.

Durante toda la década de los 90 fueron un fenómeno de masas, desde el debut en 1991 y hasta su último disco registrado en 1999, “La sangre en el cuerpo”, que marcó el inicio del fin de una década de fama que renacería el 2006, pero quizás perdiendo magia y algo de química en esa ausencia, a pesar de los grandes esfuerzos de producción de aquel disco grabado en Estados Unidos.

En los años de silencio de Los Tres, su líder no perdió el tiempo y siguió su propio camino. En 2001 formó Los Petinellis (en honor a su apellido materno). Tres años después, Álvaro Henríquez lanzó su primer y, hasta ahora, único disco en solitario.

Pero por entonces, el interés del público volvió a enfocarse en los Prisioneros, por el encuentro de los miembros originales ocurrido hace exactos 15 años en el Estadio Nacional y el nuevo aire de polémicas y expectativas que se generaba en torno a la banda.

¿Y si Los Prisioneros nunca se hubieran disuelto? Probablemente estarían tocando cada cierto tiempo, como muchas bandas resucitadas de antaño, pero dudo seriamente que siguieran repitiendo la convocatoria que lograron en el Estadio Nacional el 2001 con lleno total dos días seguidos.

Por estos días, Los Tres es un grupo que toca en vivo, que interpreta clásicos de su repertorio, pero que no genera expectativas. Desde su regreso el 2006, editaron, además de “Hágalo usted mismo”; también “Coliumo” (2010) y el EP “Por acánga” (2015), pero no han logrado revivir el fenómeno de los noventa. ¿Por qué? Probablemente porque la oferta musical chilena está que arde y Los Tres no está ofreciendo algo realmente nuevo, sumado a que solo quedan Alvaro y Titae de la formación original.

En Jorge Gonzalez hay misterio permanente, hay innovación, juego, cambios y silencios, que sumado su accidente isquémico cerebeloso, lo han elevado a alturas insospechadas de valoración.

Pero olvidamos rápido, y el premio que se le entregará a Alvaro Henríquez no es a una década de fama. Tiene que ver con un aporte mucho más profundo y que se relaciona con un sonido, referencias instrumentales, rescate del folk, entre otras cosas.

 Que se denomine a la ciudad de Concepción como la “cuna del rock chileno”, su rol en la internacionalización de la música de raíz chilena, ser la primera banda chilena en tocar en MTV Unplugged, crear un interés en la gente por la cueca y a la vez una fonda con “Onda, como la Yein Fonda y sus extensiones, reivindicar el legado del jazz guachaca y sus cultores, son solo algunos de los méritos de Alvaro Henríquez, que le permitirán ser reconocido por su trayectoria en la próxima versión de la Cumbre del Rock Chileno, el 7 de enero del 2017, en el Estadio Nacional.

 

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